Hacia tiempo que no recibía un disco con tanto entusiasmo un nuevo lanzamiento que me llanaba de esperanza y alegría. Sin saber porqué.
Mi intuición me decía que aquello cambiaría ligeramente mi realidad.
Y no me equivocaba. Pocos días después de su lanzamiento, y después de 36 años Sir Paul McCartney conquistaba el número 1 en Estado Unidos.
Pero éxitos foráneos aparte, en casa se vivió aquellos días de lanzamiento como si fuera Navidad, como su fuera el regalo más grande que podrían traernos los Reyes Magos. La casa se lleno de buenas vibraciones, mensajes positivos, melodías y armonías que invitaba a que todos respiráramos música después de unos cuantos años desencantados con las novedades musicales.
Sir Paul McCartney ha conseguido hacer uno de los mejores discos de los último años, su mejor disco en al menos veinte años. McCartney vuelve a sacar su genio en una secuencia de canciones, melodías, sonidos y armonías que se suceden de manera natural. Trabajando con rigor cada instrumento a su alcance, con una producción impecable (en más de una ocasión he sido testido de una producción que echaba por tierra un buen disco) hacen que el disco sea redondo.
Mensajes de paz, letras llenas de positivismo con mensaje y halos d esperanza de que lo mejor está siempre por llegar Ritmos vibrantes, guitarras, percusiones que hace que se escuche fácil y amenamente.
Seguro que nuevas generaciones habrán descubierto a este genio a sus 76 años de edad.
Mientras tanto, esperaremos con ansias el regreso del ex-Beatle a España para deleitarnos con otro de sus grandes conciertos.
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